Número dos

 

 

Todos tenemos dilemas existenciales, sobre todo a la hora de dormir. A veces estos dilemas son tan perturbadores que deciden por ti, deciden si estás bien o mal, si es necesario que duermas tus ocho horas recomendadas o si al abrir el ojo derecho cuando salga el sol cambiarás tu vida. Hay dilemas más pequeños que se convierten en gigantes, montañas inimaginables que se repiten en el camino una y otra vez. Mi montaña se llama “Número Dos”, es esa montaña que se repite sin parar, y aunque intente cambiar de camino ahí está.

 

A veces intento llevarme bien con “Número Dos”, aceptar que estamos unidas por alguna fuerza incomprensible para mi, pero a menudo me recuerda porqué no somos compatibles. En estas últimas semanas tuvimos una relación muy estrecha, yo preferiría tener esa relación tan estrecha con mi cama, pero es celosa y no le gusta que me pase mucho tiempo en ella. Todo ese tiempo “Número Dos” me recordaba que las cosas cambian y que ciertos sentimientos oscuros vuelven una y otra vez.

 

“Número Dos” es uno de esos sentimientos oscuros, un sentimiento tan grande como una montaña, que muchas veces no me deja ver lo bonito que es el valle en donde estoy. Realmente a mi no me gusta ese valle, quiero ver más. A mi no me gusta “Número Dos”, pero parece que siempre estamos unidas.